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EL FACTOR HUMANO EN TIEMPOS DE CRISIS

Por: María Fernanda Chinchilla

El COVID-19 ha golpeado fuertemente no solo a la economía, pero a la sociedad. Esto mas que todo, se puede definir como un colapso. En toda América Latina este problema está recién comenzando y aunque no sabemos cual será su desenlace, ya existen varias teorías de lo que podría suceder una vez terminado esta pandemia. En tiempos de una crisis tan profunda como esta, se abre una ventana de oportunidad para el cambio, una ventana que debemos de aprovechar.


Es lamentable que las personas huyan de las pandemias que tocan el cuerpo y no de aquellas que infectan el alma, como la hipocresía, la mentira y el individualismo. Es algo tan obvio que no lo podemos ver. El ser humano agoniza desde hace tiempo. La pandemia grita y desnuda la desigualdad en nuestro país. Nos dimos cuenta de que esta no respeta fronteras y mucho menos clases sociales. ¿Pero que pasa cuando la realidad no da espacio para el optimismo? Los mas vulnerables son los primeros en caer. El “lavarse las manos” puede sonar algo impredecible para algunos, al igual que tomar clases en línea puede sonar como una magnífica idea. La realidad es que en nuestro país eso es mas que una burla hacia esas personas con falta de agua potable y hacia aquellas que carecen de computadoras, incluso de internet. ¿Qué pasa con ellas?


Claramente, nuestro país no esta capacitado para lidiar con la situación actual y mucho menos por lo que está por venir. Nos hemos dado cuenta de que lo primordial no esta en pagar la deuda externa, pero en la importancia de un buen sistema de salud. Estamos viendo al virus cara a cara tenemos el deseo de hacer más al respecto. Muchos hemos sentido esa impotencia al no poder hacer algo más allá de donar canastas básicas y recaudar un poco de dinero. Esto es algo cuya responsabilidad recae mayoritariamente en el gobierno, lastimosamente.


Lo que si podemos y debemos hacer es cambiar nuestra mentalidad; hacer un cambio drástico en nuestra en forma de pensar. No solo en la misma forma en el cual un 31 de diciembre nos planteamos con diferentes metas y cambios que realizar en nuestras vidas, que sabemos que al poco tiempo estas se nos olvidarán poco a poco. No seamos ingenuos esperando un cambio radical en la actitud de empresarios, élites gobernantes, organismos o incluso instituciones internacionales. Es imprescindible un cambio en nosotros. Aunque ya lo hemos escuchado varias veces, nosotros somos el futuro de este país. Debemos inculcar valores a los mas pequeños, diferentes ideologías, una nueva forma de ver el mundo. Necesitamos una nueva visión para el país, dejando atrás el individualismo que nos carcome poco a poco y afecta de manera directa e indirecta a la población. Mi querida Honduras, me dueles. Llegamos a tal punto de estar totalmente entumecidos. Ya es tiempo de abrir los ojos ante la violencia, corrupción, desigualdad e impunidad.


El futuro político de nuestro país radica en nosotros, los jóvenes. Honduras está listo para un cambio. Con esto que está pasando, espero abramos los ojos y demos importancia a lo que de verdad importa. Ya estamos cansados de gobernantes que quieren lo mejor para si mismos, de personas que no están preparadas para ciertos cargos públicos. La educación es algo primordial en nuestro país, algo que ayudaría a salir a muchas personas de la pobreza, brindándoles muchas oportunidades a futuro. Para esto, no solo necesitamos a jóvenes con grandes ideales políticos y/o sociales, pero con un gran amor hacia Honduras. Personas que no buscan el interés propio, sino el de su país. Ya es tiempo de soltar de la mano al individualismo y brindar un mejor futuro, no solo para nosotros, pero para las futuras generaciones. Necesitamos ver a nuestras futuras generaciones crecer en un ambiente en el cual se les invite a realizar cambios, a prosperar. Honduras, despierta.


Somos nosotros los cuales tenemos la oportunidad de cambiar el sistema, un sistema que viene roto desde hace mucho tiempo atrás. Una revolución que empieza simple y sencillamente con nuestra forma de pensar. Sueño en el día que nuestra generación sea recordada como la generación que cambio Honduras, la que la impulsó a ser lo que es, un bello país. Muchos me llamarán ingenua, incluso loca, pero si varias personas pensaran igual, créanme que esto seria una realidad y no solo un sueño.


Dejemos de esperar a que alguien nos venga a salvar, salvemos el futuro nosotros mismos. Yo quiero vivir en un Honduras en el cual todos tengamos las mismas oportunidades, que podamos salir a la calle sin el miedo de sufrir algún tipo de violencia, que nos apoyemos mutuamente y ver un cambio masivo en nuestro país. Como dijo Viktor Frankl, “Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Debemos de recuperar lo que se nos ha olvidado todos estos años, humanidad.

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