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LA DISCRIMINACIÓN TAMBIÉN EXISTE EN HONDURAS

Por: Karin Alejandra Munguía

Internacionalista y pasante de Derecho

La juventud suele tener elementos multifacéticos. Los jóvenes hondureños solemos creer tener experiencia en diversos temas y si no es experiencia, un criterio profundo sobre diversos problemas. Por lo general, acertamos en estos criterios por los recursos con los que contamos a diferencia de las generaciones anteriores. Nos aseguramos de sentirnos escuchados por la influencia que se puede dar en las redes sociales, estas herramientas se han vuelto el medio más efectivo para los jóvenes que participan activamente en los diversos espacios que se brindan y así lograr sentirnos ampliamente representados.


Cuando surgen movimientos mediáticos a favor de los derechos de minorías, en otros países, buscamos ser parte de la tendencia formando parte del clave proceso anti discriminatorio, este tipo de activismo se vuelve correcto. Un claro ejemplo es el emblemático caso de George Floyd, con el movimiento #BlackLivesMatter, contó con el apoyo de varios sectores juveniles del país y del mundo. Sin embargo, en Honduras, un país con muchas fallas, principalmente en temas de pobreza, corrupción y violencia. Si bien como hace referencia el cantautor Polache, no son las características de nuestro pueblo, sabemos los antecedentes encontrado que han tenido, teniéndolos presentes hasta hoy. Nuestro deber como hondureños y hondureñas es el de visibilizar la situación nacional como tal.


El debate y la aflicción que tiene actualmente la juventud hondureña se encuentra entre irse a suelos extranjeros para tener un mejor futuro o seguir presenciando un país que desde que tenemos memoria viene demostrando que no termina de salir de una crisis para entrar en otra. Si, estos son los únicos escenarios posibles en nuestra realidad, si existiera una lógica para plantear estos escenarios como los más realistas y viables, considerando que nunca nos vamos a poder desprender por completo de nuestra nacionalidad. Adonde sea que vayamos, al ver nuestros rostros los demás verán a Honduras, tal y como es.


Hay que reconocer que en el país existe una juventud que se está empoderando en distintos espacios con el fin de sacar adelante al país, la representación en áreas que contribuyen al desarrollo nacional se hace notar, deberíamos reconsiderar, el hecho de que no existe un solo tipo de juventud, sino varias juventudes y esto diversifica el campo. Algo que he aprendido de mis experiencias con jóvenes de otros países, es no dar por hecho que todos y todas las jóvenes están siendo representados en espacios hechos por jóvenes con características similares a. La realidad, es que, los jóvenes profesionales no verán la misma realidad de quienes no han tenido la oportunidad de formarse para que se les incluya en áreas de discusión y debate. Y una de las juventudes que hemos omitido casi siempre pertenecen a las comunidades originarias, comunidades que constantemente necesitan mecanismos de protección a sus derechos y la justa impartición de justicia.


Si buscamos tener una representación más integral en nuestros espacios, es importante conocer más sobre las luchas de dichos grupos. Los pueblos indígenas no deben ser, la referencia de cultura. En distintas ocasiones, las comunidades garífunas se han visto amenazadas por propuestas de proyectos turísticos que resultan en la vulneración de sus derechos humanos, criminalización de sus líderes y despojo de sus tierras ancestrales, tierras que según el art.346 de la Constitución de la República deben ser respetadas y protegidas por el Estado. Otros derechos vulnerados son el derecho a consulta, a la propiedad colectiva y a las garantías y protecciones judiciales.


El 8 de octubre de 2015 la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia, en la cual declaró responsable internacionalmente al Estado de Honduras por la violación del derecho a la propiedad colectiva, derecho a consulta, entre otros, en perjuicio de la Comunidad Garífuna del Triunfo de la Cruz y sus miembros, por haber incumplido su obligación de delimitar y demarcar las tierras tituladas a favor de la Comunidad. El 18 de julio del 2020, cuatro personas pertenecientes a esta comunidad fueron secuestradas, entre ellas Sneider Centeno quien desempeñó un liderazgo activo durante el proceso de la sentencia del 2015.


Una gran parte de la población que ha compartido las campañas #LasVidasGarifunasImportan o #GarifunaLivesMatter hacen referencia a esa sentencia de la CIDH. Al momento de reflexionar sobre la comunidad garífuna, nos damos cuenta de que no es un caso aislado, pues en el pasado se han demostrado casos de agresiones e incluso muertes violentas en el pueblo garífuna, siendo las principales víctimas defensores de derechos humanos de sus comunidades. Hay un patrón que tiene precedente desde hace décadas al cual deberíamos de prestar atención para incidir como sociedad civil hondureña.


Las personas jóvenes hondureñas sin duda estamos despertando un sentimiento colectivo de unidad donde ansiamos un país más justo, teniendo una sociedad más inclusiva en el apoyo a las comunidades. Sin excluir a la comunidad internacional, debemos fijar nuestra mirada en Honduras, pero sobre todo necesitamos reflexionar sobre que estamos haciendo por estas comunidades, en el modo de como actuamos, cuando deberíamos actuar y cómo podemos mejorar los espacios de los que formamos parte para alcanzar una mayor integración a las distintas juventudes.


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