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¿Injerencia o Altruismo?


Por Jorge Barrigh, ESPACIOH



Después de las acciones altruistas del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, como la donación de 34.000 lotes de vacunas a siete municipios, tras una petición por parte de sus respectivos alcaldes, la clase política de Honduras protesta “injerencia”. Es decir: entrometimiento por parte del cuerpo gubernamental salvadoreño en asuntos domésticos.


El asesor presidencial, Marvin Ponce, alegó en la mañana del 14 de Junio en Frente a Frente, que las vacunas recibidas por parte de los siete alcaldes es una “estrategia política…para dar un golpe político al gobierno”. Lo cual implica que un trabajo competente para la inoculación de la población es visto como un atentado en contra del régimen del Partido Nacional, y no una ayuda para reducir la propagación del virus y contribuir a la disminución de la tasa de mortalidad.


“No se vale que los alcaldes anden como pedigüeños pidiendo vacunas, y no es porque no hayan aquí, estamos teniendo el flujo de las vacunas necesarias…” alegó el asesor presidencial. Sin embargo, solo el 1% de la población cuenta con ambas dosis de inoculación, los cuales pertenecen al gremio médico, y el 8% con la primera dosis, según un reportaje por diario La Prensa. Posiciona al país en una situación precaria, exacerbando las posibilidades de un rebrote que rebase la tasa de contagios en comparación con el año anterior. Consecuentemente a esto, tendremos a los hospitales con sus respectivas UCI’s en su máxima capacidad, la tasa de mortalidad seguirá aumentando, los colegios y universidades permanecerán cerrados, los negocios sin poder gozar de la digitalización seguirán perdiendo; poniendo en peligro nuestro sistema educativo, rezagando la economía, y aumentando los decesos ciudadanos.


Las peripecias vividas por parte de la ciudadanía hondureña durante el 2020, no es el resultado de un virus proveniente de Wuhan, China. Tampoco es un castigo divino sometido por una entidad cósmica cobrando nuestros pecados. Es la evidencia de una década de negligencia por parte de instituciones incompetentes y de un pueblo sumiso, apaciguado con farándula, fútbol y la comodidad de lo mediocre. Gritamos “Garra Catracha” cuando juega la selección, pero enmudecemos cuando peligra nuestra democracia. Lo cual levanta la incógnita, ¿tienen culpa aquellos que nos han llevado hasta aquí?, ¿o somos más culpables quienes lo han permitido? Exentarse de culpabilidad, como ciudadano hondureño, es un acto soberbio, exiguo de elucubraciones tras el pensamiento crítico.


Por si fuera poco, Marvin Ponce también describe al gobierno del mandatario Bukele como una institución desesperada, quienes realizan “manotazos de ahogado con el dinero de China”; una declaración hecha desde la conjetura, pues pone en evidencia su desconocimiento y falta de investigación ante La Cooperación de Asistencia no Reembolsable de China a El Salvador. Se trata de un apoyo monetario destinado a proyectos de infraestructura como la construcción de un biblioteca en San Salvador, la reformación del muelle y una planta de agua para potabilizar un lago cercano a la capital. China ha afirmado que el acuerdo es libre de condiciones; sin ánimos de benéficos geopolíticos – un acuerdo bilateral para el desarrollo de El Salvador; cuyo apoyo los pondrá en la vanguardia de Centroamérica. Es desasosegante escuchar que los acuerdos diplomáticos de un país ajeno, en búsqueda de beneficios y desarrollo de esa nación, es visto por nuestro asesor presidencial como “manotazos de ahogado”. No señor, “manotazos de ahogado” son reformas electorales en año de elección para posibilitar un tercer mandato del presidente Hernández.


Finalmente, el asesor presidencial culmina su intervención en el programa tras sugerir una posible anexión por parte de El Salvador hacia el departamento de Ocotepeque: “Utilizando la diplomacia de las vacunas, quieren congregar a Ocotepeque, donde nos invadieron.” Una anexión no sucede bajo principios diplomáticos; se trata de un conflicto armado donde un país ocupa una porción del terreno de otro. Por lo tanto, a lo que el asesor presidencial se refiere, solo sería posible bajo un plebiscito; dejando que la población hondureña dicte ceder parte del territorio nacional hacia El Salvador. Sin embargo, inconsciente de su declaración, Marvin despliega una lista de incógnitas interesantes:


¿Sería inconveniente para los hondureños ceder su soberanía para abandonar una tiranía? ¿Es cobardía una unión con El Salvador bajo un mandato competente? ¿Posibilita el sueño morazánico de una Centroamérica unida?


¿Cuál es tu criterio?



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